Moribunda

sábado, 16 de noviembre de 2013
Nómada,
de caminar lento y solitario,
viviendo en la desidia
de estos días de primavera.

Meditabunda,
me sumerjo en aguas profundas
y me dejo caer y caer,
y todo se vuelve silencio.

Demente,
naufrago hoy como ayer
en esas fotos mentales
que me condenan a este exilio.

Moribunda,
por mi pecho corre sangre
pues con el filo de una daga
me he arrancado el corazón.

Ojos verdes cristalinos

Ojos verdes cristalinos,
pequeña mirada inocente,
mestizo por naturaleza,
amigo fiel por adopción.

Quien hubiese pensado,
o tan solo imaginado
que el destino nos regalaría
este paseo terrenal juntos.

Ojos verdes cristalinos,
donde mi reflejo se dibuja,
pequeño momento en que
las sombras no me tocan.

Quien hubiese pensado,
que dos almas solitarias,
yo humana y vos canino,
nos cruzaríamos en esta vida.

Ojos verdes cristalinos,
pequeña mirada inocente,
gracias por ser mi luz
entre tanta oscuridad.

En sueños

Un camino sin final,
un encuentro sideral,
pasos a la par,
dedos entrelazados,
dos sombras se hacen una,
un ocaso como testigo,
dos amantes,
un amor prohibido,
el sol les da la espalda,
la madre tierra se abre,
un abismo entre los dos,
un latido a cada lado,
un amor queda en el vacío,
las manos se sueltan,
se alejan irremediablemente,
dos miradas perdidas,
una lágrima cayendo,
dos amantes prohibidos,
un destino, un final,
cae el telón, termina la función,
de mi sueño desperté.

Veinticuatro abriles

Veinticuatro abriles en el placard,
un presente que yace vacío
junto a ésta cruel soledad,
y el tiempo que ya se agota.

La desesperanza que crece
con cada día que pasa,
si tan sólo vinieras a buscarme…
sabe que te estaré esperando.

Una suplica desesperada tal vez,
pero se lo permito a mi alma
porque bien sé que la soledad
también te acecha incansable.

Cansada de caminar sin rumbo,
ya no tengo lágrimas para llorar,
la sonrisa me abandonó con la última brisa.
Te esperaré junto a mi ventana.

Convencida estoy de que llegarás,
huyendo de tu soledad me encontrarás,
y como almas gemelas volaremos
donde las sombras no nos alcanzarán.

Soy mi sombra

Son lágrimas de despedida
éstas que desbordan de mis ojos,
pues he dejado de ser yo,
ahora sólo soy mi sombra.

Los jilgueros lo cantaban,
el indiscreto mar lo delataba,
el viento me lo susurraba,
pero yo no lo creía.

Recuerdos vagos en mi mente,
esas viejas fotos de la infancia,
y yo, que no soy yo, soy otra.

Presumo que muchos, sino todos,
creen que sigo siendo aquella,
pero que equivocados están,
ahora sólo soy mi sombra.

Volando

Hoy, como siempre,
lagrimas de sangre,
un infinito drenaje
sobre mi cuerpo desnudo.

Un alma desterrada que
suplica por su salvación
con un grito ancestral
que desgarra el aire.
Soy yo agonizando.
Es mi blanca desnudez
tiñéndose de rojo,
es este dolor kármico
dejando sus huellas.
Soy yo despegando.
Tal vez es mi pasado,
quizás mi presente,
o mi incierto futuro
el que se deja desangrar.
Soy yo dejando de ser.
Es un costado del camino
es un despegue sideral,
es mi alma empacando,
es mi vida que me deja.
Soy yo volando…

Con este dolor

Llevo días acurrucada
en el rincón más oscuro
de la casa, sin siquiera comer.
Un profundo dolor habita mi ser
desde hace un tiempo,
y ya se torna insoportable,
tanto, que morir parece ser
la mejor salida de este infierno.
No se puede decir que esto sea vida,
cómo vivir con esto adentro
que ni respirar deja ya.
He buscado por noches enteras
ese llanto sanador que desagote
toda ésta ira, todo este dolor punzante,
pero está claro que se niega a colaborar.
Mis ojos están secos, mi alma vacía,
y el tiempo que no espera más.
La desesperación se apodera de mí,
estoy perdiendo todo sentido
de la realidad.
Ni siquiera se que día es hoy,
sólo se que es un día más,
uno más que se aleja, y yo acá,
acurrucada en el rincón más oscuro
de la casa, con éste dolor
que se ha empeñado en abandonarme,
únicamente, en el lecho de mi muerte.