Hoy me tomo de la mano

sábado, 16 de noviembre de 2013
Una vez más, la madrugada me invita a recorrerla con mis palabras. Cada vez se me hace más frecuente la necesidad de compartir tiempo conmigo, de abstraerme del mundo que me rodea y dedicarme simplemente a mí… a conocerme, a charlar conmigo, a pensar, a amalgamarme con mi yo interno.
No hace mucho que descubrí el placer de la soledad y de compartir tiempo con mi yo interno que tan abandonado creo haber tenido. Sólo fue hace una semana…
Me recuerdo sentada bajo la ducha, sintiendo como el agua cálida golpeaba sobre mi espalda... Y yo no pensaba en nada. Mi mente se puso en blanco y sólo existía ese momento de paz… las gotas de agua caliente cayendo por mi cuerpo, y mi yo interior gozando de placer al sentirse amado.
Fue un fin de semana en que me dediqué a salir con conmigo; fuimos al cine, nos sentamos en un bar a tomar un café y mirar a la gente pasar, dormimos juntas… Hacía tiempo que no me sentía tan plena, con tanta vida, tan querida…
En el café conversamos… conversamos mucho. Le conté de mis andanzas, mis penas, mis pasiones… ella me contuvo, me aconsejó… como sólo una gran amiga sabe hacer. Entre otras cosas, me dijo que me calmara, que no anduviera de prisa, que pensara, que me olvide de los que los otros piensan o esperan de mí… me pidió que viviera.
Ella y yo nos tomamos de la mano hace tan sólo una semana y ahora siento que ya no sé vivir sin su compañía. Por momentos me siento casi al borde de la locura, presiento que mi razón de fuga lentamente bajo la puerta y las tinieblas de la demencia se apoderan de mi ser.
Es entonces cuando tomo a mi yo interno de la mano y me voy con ella de paseo por los senderos de la serenidad. Pero cada vez se me hace más difícil volver, me cuesta alejarme de ella, me cuesta despedirme. Es tan placentero estar a su lado…
Hace tan sólo una semana, yo era como un barco a la deriva en altamar. No encontraba el rumbo, sentía que mi cabeza iba a estallar en mil pedazos, no encontraba consuelo para mis penas, mi alma se arrastraba por el suelo y mi espíritu se balanceaba en la cornisa. Hace tan sólo una semana, era simplemente un alma en pena, un ser errante y vagabundo que se perdía entre la gente... un fantasma.
Ahora encontré la otra parte de mí que se había perdido, que había dejado de escuchar, que había encerrado en un placard… Me encontré a mí misma, finalmente… y no me voy a dejar escapar. No otra vez…

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