Nonos

sábado, 16 de noviembre de 2013
En este ultimo tiempo los recuerdos que vienen a mi memoria con considerable frecuencia, son de mis abuelos. Hace ya varios años que he quedado huérfana de abuelos, pero a veces la nostalgia de aquellas ausencias pesan en el alma y extrañarlos resulta inevitable. Sólo dos de mis cuatro abuelos han sido importantes en mi vida, ya que a los otros no he llegado a conocerlos. Ellos son: mi abuela paterna “nona Inés”, y mi abuelo materno “nono Luis”.
Quisiera escribir tantas cosas acerca de ellos, pero las imágenes se reproducen a borbotones en mi cabeza y son tantos recuerdos y sentimientos que no puedo plasmarlos con claridad. Sólo puedo decir que extraño las manos grandes y fuertes de mi nono, sus geniales latiguillos cotidianos, sus dichos del campo, su andar por la casa, sus mesadas cada vez que aprobaba una materia del colegio, sus lágrimas de emoción por cualquier cosa, sus inolvidables: “¿así que te ai’ hecho la rabona?”, “tu madre esta loca”, “vieja chota”, “gente loca”, “pasame el fugo (jugo)”, “dío porco”, “con juicio”, “me cago en el cura bizco” jeje y tantos otros. También recuerdo un último beso que le negué (sin saber que a la mañana siguiente moriría) y del que me arrepentiré por el resto de mi vida.
De mi nona, recuerdo varias de sus comidas, como su flan de chocolate, los veranos en su casa, las compras en el barrio, los dedos regordetes de sus manos, sus épocas de tejido, el sonido de sus suecos que retumbaban por doquier al caminar por la casa, las puteadas cuando se ponía chinchuda, su palabra favorita era: “¡Mierda!” jeje.
Son esas pequeñas cosas las que se extrañan y las que duelen en el alma. Son esas pequeñas cosas las que delatan sus ausencias. Aun hoy después de varios años, puedo conservar en mi memoria el sonido de sus voces, como si ayer mismo los hubiese oído por última vez.

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